Filosofía hispana: el equipo donde la amistad juega de titular

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La primera vez que alguien de la organización buscó al director de Unión Española Plaza Norte, apuntó hacia la persona equivocada.

Entre los apoderados que observaban los partidos desde un costado de la cancha había un joven siguiendo cada detalle de la jornada, conversando con profesores y pendientes de lo que ocurría en las distintas categorías. Parecía un papá más acompañando a su hijo un sábado por la mañana. Era Diego Leiva, director de la escuela.

La escena explica bastante bien el espíritu de un proyecto construido por profesores jóvenes, hinchas de Unión Española y convencidos de que el fútbol infantil puede ser algo más que una tabla de posiciones.

“La escuela nació buscando generar una instancia deportiva y social, donde los niños pudieran relacionarse entre ellos mediante el fútbol, que es lo más importante”, explica Leiva.

La idea no quedó solamente en el papel.

Durante la jornada es habitual ver a los profesores recorriendo las canchas, llegando antes que nadie y permaneciendo hasta el último partido del día. También es frecuente encontrarse con niños de distintas categorías compartiendo juntos, calentando entre risas o transformando cualquier espacio libre en un improvisado partido paralelo mientras esperan su turno.

Cuando se le pide definir el sello de la escuela, el director no duda demasiado. “Amistad. Es la palabra principal que define a nuestra escuela.” La respuesta aparece respaldada por las escenas.

Los goles se celebran en grupo, las dinámicas de la liga encuentran siempre voluntarios con camiseta hispana y las categorías más pequeñas, además de sumar victorias, parecen haber construido algo todavía más difícil: jugar de memoria.

“En este momento, por ejemplo, están calentando, jugando y compartiendo antes de entrar a la cancha, y eso después se refleja en el juego”, comenta Leiva.

La otra postal aparece fuera de la cancha.

Apoderados con camisetas de: “Papá de…”, o “Mamá de…” y el nombre de sus hijos estampado en la espalda acompañan cada partido como si se tratara de una gran familia futbolera. El ambiente competitivo existe, pero parece convivir con otra lógica.

“No tiene sentido que, si llegamos a perder un partido o si un niño juega menos, los apoderados se enojen. Acá todos los niños juegan y todos tienen la misma cantidad de tiempo en cancha.”

Quizás por eso la respuesta más reveladora llegó al final.Más que campeonatos o trofeos, Leiva piensa en recuerdos: “cuando los niños tengan mi edad, cuando tengan 30 años, quiero que puedan decir: ‘Cuando era niño estuve en una linda comunidad, donde aprendí mucho y donde lo pasé muy bien’.”

En Unión Española Plaza Norte, después de todo, la única que tiene titularidad asegurada, es la amistad.

Fuente: #FACUPCHILELALIGA

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